martes, 17 de julio de 2018

Pronunciar palabras constantemente sin necesidad de abrir los labios







      Tómame de la mano esta noche. Caminemos juntos los dos. Cuéntame cuáles son tus miedos, tus pesares; también tus deseos más fervientes, o aquello que hace que entres en ebullición. Contemplemos las estrellas. Su luz palpitante que llega hasta nosotros esta noche tranquila. Caería contigo hacia el cielo en busca del origen de todo. Del misterio que somos, eso que compartimos.

      ¿Escuchas mi respiración? Pon tu mano en mi pecho. Dime si eres capaz de sentir que el ritmo de mi latido no te es extraño, que te es sencillo de descifrar. Mis ojos se posan en tu mirada y acampan en ella. Hoy dormiremos en el exterior, con el firmamento como manta. Te cantaré una canción antigua que no sé de dónde proviene. Estoy seguro que la vas a reconocer. Nada tiene que ver con palabras. Cuando me tocas, la canta tu cuerpo. Es como una llamada lejana que exige la satisfacción de un anhelo. La llamada de lo salvaje, atravesando la noche y nuestros cuerpos.

      Desnudo mi alma en susurros mientras te desnudo a ti. Te contemplo y contengo la respiración un instante. "No hay nada que atrapar" -recuerdo; "báñate en la corriente viva de este momento y piérdete en su calor". Tu calor, y el frescor de la noche. Las estrellas son testigo. Unos grillos cantan a lo lejos y el rumor del viento entre las hojas de los chopos se convierte en marco de algo que no se puede asir. Me atraviesa ahora. Me atraviesas tú. Tu alma tendida junto a la mía se rinde sin condiciones. Existe algo que no ha sido nombrado jamás, en este momento. No recuerdo su nombre, ni el tuyo, ni el mío. Somos simplemente este ahora. Tu calor en mi piel, abarcándolo todo. No hables. No mancilles lo perfecto con el lenguaje humano, tan limitado frente a esto que no acepta añadidos... Cuando los interrogantes se desvanecen, dan paso a una exclamación callada. Soy asombro que se asoma a otro asombro y se encuentra con él. Piel que delira sobre otra piel. Sólo eso somos tú y yo. Estrellas fugaces que danzan sin necesidad de porqués entre el "cri-cri" de los grillos, bajo este cielo nocturno.

      Sin límites definidos siento tus latidos muy dentro de mí. Dos cuerpos jadeantes. Un concierto de grillos. El rumor del viento entre las copas de los chopos. Las estrellas de verano... Los unos a los otros se pasan el mensaje. Es esa extraña canción sin letra que nos habita a todos. La llamada de la sangre y la savia entrelazadas. Escucha su silencio. Sin abrir los labios, no paran de hablar...













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